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TE PROMETO UNA CITA IDEAL

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En las horas malva suena una música embriagadora en la Confitería Ideal. Nadie sabe de donde proviene pero en los espejos del salón principal pueden observarse extasiadas parejas de danzarines. Aseguran que quien mira fijamente esas escenas es atrapado por el azogue y pasa a formar parte de la milonga.

Cómo se juega a la botellita, en el bar Varela Varelita

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Cuenta la leyenda, que Cupido se disfraza de mozo y hace de las suyas en este bar de Palermo.  Pone a girar botellas en las mesas y sonríe en silencio. La cantidad de giros indica los amores pendientes en la vida de quienes se toman allí, sin apuro, una cerveza.

¡Ah, Toulouse! Te vi en Chacarita.

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Huyendo de los vapores del alcohol y las bellas mujeres, el pintor se toma el buque de París a Buenos Aires. Busca refugio en el bar Palacio, pero lo descubren sus fantasmas. - Imposible escapar… Las luces del Moulin Rouge siempre lo siguen, lo encandilan y le dan la cana.

Tribulaciones, lamentos y ocasos de Velázquez y Baco en Villa del Parque

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La tarde del sábado  los  encuentra en el  Tokyo  . Entre copitas de ajenjo y papas fritas planean el derrotero de la noche que, como siempre, terminará en pedidos de milagros y retratos.   - No es fácil la vida del artista. - Y la de dios del vino, ni te cuento.

¿QUÉ ESPERAN LOS HOMBRES EN LA NUEVA ANDALUZA?

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Es el tiempo de los hombres solos. (Uno por mesa, señores, que nada interrumpa el soliloquio). La ciudad se desliza tibia una tarde de primavera mientras ellos esperan el milagro que detrás del ventanal, los invite a salir por las calles de la Paternal como antes, con una amable sonrisa.

Dibujos animados en El Gato Negro

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María ha pedido el té mágico. Ese que congela el tiempo para los humanos y libera a los gatos negros del hechizo que los mantiene dibujados en etiquetas, carteles y cartas del  bar . Planean  fugarse pero finalmente desisten. Llueve. La tinta negra no es resistente el agua y se desvanecerían.

¡Salú Don Carlos!

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Dicen las malas lenguas que en el Tortoni, de nochecita, entra Don Carlos Gardel. Pide una grapa y se sienta a mirar las señoritas que salen apuradas de las oficinas. Los mozos lo conocen, pero no quieren atenderlo. Sucede que el Morocho del Abasto suele ser mezquino con las propinas.