¡Salú Don Carlos!
Dicen las malas lenguas que en el Tortoni, de nochecita, entra Don Carlos Gardel. Pide una grapa y se sienta a mirar las señoritas que salen apuradas de las oficinas. Los mozos lo conocen, pero no quieren atenderlo. Sucede que el Morocho del Abasto suele ser mezquino con las propinas.

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