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TERTULIAS TANGUERAS EN EL FARO

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ORACIÓN PAGANA A SAN MOZO

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Oh, San Mozo vaticinador de pedidos proveedor de cafés y medialunas de jarritas de agua y de cervezas concédeme la gracia de tu mirada amable, y de tu escucha atenta haz de la mesa del bar mi espacio favorito Líbrame de las comidas rápidas y sabré recompensarte con buenas propinas. Amén.

EL MOZO ENAMORADO

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Hace veinte años que viaja desde Padua al centro. Hace veinte años que se calza la camisa, el moño, la bandeja bajo el brazo y la espera expectante. Ella toma un cortado en vaso, siempre en la misma mesa. Charlas fugaces. Su sonrisa es la mejor propina de la noche.

ESPERANZAS EN EL CAFÉ RETIRO

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Café con leche, pan y manteca. Las manos no alcanzan para tomar el tazón. Recién bajada del tren, Amelia mira con ojos asombrados la estación Retiro. Enorme, tal como se la contaron sus hermanas. El corazón late fuerte. El mozo le sonríe. Buenos Aires es hoy, una zona de promesas.

EL ENCANTADOR DE SAINT MORITZ

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De noche, duerme en una botella de la barra. De día, se viste de mozo y concede deseos. - “Un té caliente” - “Un whisky solo” - “¿El diario de hoy?” Cuentan que puede transformar tu café en una poción donde se diluyen las penas y seguir sonriendo, como siempre.

AMNESIA TEMPORAL EN LA GIRALDA

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- Para mí, chocolate con churros, por favor. Recién salida de la consulta médica, Nélida se venga del destino. No hay colesterol que se le resista a esa jarra que Antolín le presenta, tan aromática, que le hace olvidar el mal trago de los resultados de los análisis de sangre.

Cómo se juega a la botellita, en el bar Varela Varelita

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Cuenta la leyenda, que Cupido se disfraza de mozo y hace de las suyas en este bar de Palermo.  Pone a girar botellas en las mesas y sonríe en silencio. La cantidad de giros indica los amores pendientes en la vida de quienes se toman allí, sin apuro, una cerveza.

¡Salú Don Carlos!

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Dicen las malas lenguas que en el Tortoni, de nochecita, entra Don Carlos Gardel. Pide una grapa y se sienta a mirar las señoritas que salen apuradas de las oficinas. Los mozos lo conocen, pero no quieren atenderlo. Sucede que el Morocho del Abasto suele ser mezquino con las propinas.