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ATENTI PEBETA

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Tarde de viernes, en Los Angelitos suena un bandoneón. Convocada por la música, Tita se descuelga de su retrato. Fascinada. Es él. Estruja el fueye con ternura y sonríe. La morocha, de reojo, le cala las manos (sin anillo que lo engayole) entonces, decide dejarse seducir por esos acordes melodiosos.

EL ESCRITOR Y SU LABERINTO

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He visto, como el ciego, las ansias de los hombres, los trabajos, los días de turbia luz, el hambre. Este café que narro es, laberinto de cobre. Un Aleph despiadado que se ensaña en paredes, en peldaños, en nada. Y es sólo un tintineo de cucharas perdido entre las voces.

UN PIANO BAR EN ALMAGRO

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Dicen los músicos que invocarlo antes de los conciertos trae buena suerte. Charly, incrédulo, dentro del fárrago del bar, exclama: - ¡Pugliese, Pugliese, Pugliese!  Y ahí nomás se le aparece Don Osvaldo, sonriente, como siempre: -¿Me llamabas pibe? (Es que acá, se viven esas cosas que asombran) Say no more.

TROILO VUELVE AL BARRIO ( MILAGRO EN EL BANDERIN)

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Dentro de un bar de Almagro sucede la magia. Pichuco aparece como en un sueño y ensaya una obra maestra que sólo puede escucharse los miércoles a las siete de la tarde. Quien mire ese ensayo será convertido en banderín. (Tal como testimonian las paredes, han sido muchos los curiosos.)

DAMAS PELIGROSAS EN LAS VIOLETAS

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Amorosamente incorrectas. Djuna, Camila, Cocó y Tamara se reúnen en  Las   Violetas  de tanto en tanto.  Espléndidamente transgresoras, desobedecen el más feroz de los mandatos: volver del más allá. Las  señoras bien -  las  que piden el té de  las  cinco - miran atónitas, mientras ellas brindan, muertas de risa.

DOS POTENCIAS SE SALUDAN EN EL CAFÉ MARGOT

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- Ya me ves Monito. Siempre me enganchás en el mismo lado. No puedo resistirme a sus encantos. El General toma el sándwich de pavita al escabeche, y sonríe. - Pero mejor que decir es hacer, ¿no? - La única verdad es la realidad, buen provecho mi General -concluye Gatica.

MUÑECA BRAVA ( TARDES DEL MANZI)

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Deja el delantal en la mesada. Ya hizo el almuerzo y lavó los platos. Se saca los ruleros. Se pone la remera de encaje. Se calza los tacos. Y sale espléndida a desafiar a Malena. Esta tarde ella es la que cantará el tango como ninguna, sin pena de bandoneón.